childhood


Tuve una infancia genial, envidiable. Y de un día para el otro, cambió todo. El ser la hija más chica fue una ventaja (antes, cuando era chica). Me daban todos los gustos, siempre me los dieron. Cosa que quería, cosa que tenía. Y si no, se tenían que bancar mis llantos, mis gritos, mis pataleos, todo. Era muy caprichosa (y lo sigo siendo) y ellos también me malcriaron bastante. Demasiado. Tuve los mejores viajes. Me llevaron a Estados Unidos, a Disney. El lugar perfecto para una nena de cuatro años. También tenía la quinta de mis abuelos. Era el paraíso. Enorme, con la pileta más linda que ví en mi vida. Todo era perfecto. Tenía la familia perfecta, los abuelos perfectos, una vida perfecta. Mi vida era distinta, era muchísimo mejor. Obviamente, al ser chica, no tenía todos los problemas que tengo ahora. Ni las preocupaciones. Era linda, inocente. No paraba de reírme. Era feliz, estaba bien. Y extraño todo eso, creo que a todos nos pasa. Extraño mi infancia, extraño la quinta, extraño los viajes, extraño a la familia unida, extraño esa rutina que teníamos, extraño llegar del jardín y abrazar a mi mamá, con una sonrisa en la cara. Extraño todo lo que teníamos y éramos, y ahora no somos ni tenemos nada.